Entre el final del FLNG Hilli Episeyo, las ambiciones del proyecto Yoyo–Yolanda y la apertura de nuevos bloques de exploración, el sector gasífero camerunés entra en una nueva fase. Si las perspectivas siguen siendo prometedoras, el éxito de esta transición dependerá a partir de ahora de la concreción de las inversiones y de la capacidad del país para transformar su potencial en riquezas duraderas.
Un proyecto pionero llegado al término de su explotación
Puesta en servicio en 2018, la plataforma flotante de licuefacción Hilli Episeyo constituyó una etapa mayor en la historia energética de Camerún. Gracias a esta infraestructura flotante, el país se convirtió en productor y exportador de gas natural licuado (GNL), valorizando un yacimiento cuyas reservas recuperables estaban estimadas en cerca de 600 mil millones de pies cúbicos.
Concebida para una duración de explotación de unos ocho años, el proyecto alcanza hoy el final de su ciclo natural. La baja progresiva de la producción observada en el yacimiento resulta ante todo del agotamiento progresivo de las reservas explotables y no de un fallo de la estrategia nacional. Esta evolución corresponde a la realidad geológica de los yacimientos maduros y a los compromisos contractuales concluidos al lanzamiento del proyecto.
Yoyo–Yolanda, un proyecto llamado a cambiar de escala
El futuro del gas camerunés se dibuja ahora frente a la frontera marítima con Guinea Ecuatorial. La firma, el 3 de febrero de 2026, del acuerdo de unitización entre Yaundé y Malabo abre la vía a la explotación conjunta del yacimiento transfronterizo Yoyo–Yolanda.
Con reservas geológicas evaluadas en cerca de 2.500 mil millones de pies cúbicos, es decir, más de cuatro veces las del yacimiento explotado por el Hilli Episeyo, este proyecto representa uno de los desarrollos gasíferos más importantes previstos en el golfo de Guinea.
Pilotado por Noble Energy, filial de Chevron, el proyecto necesitaría una inversión estimada en cerca de 4 mil millones de dólares. Sin embargo, a pesar de este potencial considerable, varias etapas permanecen indispensables antes del arranque de la producción: estudios de ingeniería, movilización de financiaciones, negociaciones comerciales, aprobaciones regulatorias y decisión final de inversión.
Dicho de otro modo, el potencial existe, pero su concreción exigirá aún varios años.
Una relanzamiento de la exploración que queda por transformar
Paralelamente a los grandes proyectos offshore, Camerún prosigue su política de apertura de su dominio minero a los inversores internacionales.
El concurso lanzado el 1 de agosto de 2025 sobre nueve bloques petrolíferos y gasíferos de las cuencas de Rio del Rey y de Douala/Kribi-Campo empieza a dar sus primeros resultados.
Cinco bloques son ahora objeto de negociaciones avanzadas con vistas a la firma de contratos de reparto de producción. Las sociedades Murphy West Africa y Octavia Energy figuran entre los operadores comprometidos en este proceso.
Esta dinámica traduce un renovado interés de las compañías internacionales por el potencial energético camerunés. No obstante, estos avances permanecen esencialmente contractuales. En esta etapa, ninguno de estos bloques ha entrado aún en fase de explotación comercial, y varios años serán probablemente necesarios antes de una eventual producción.
¿Exportar más o reforzar el mercado interior?
Más allá de la búsqueda de nuevos yacimientos, Camerún debe también definir su estrategia de utilización del gas ya disponible.
El gas extraído de los yacimientos maduros sigue alimentando la central de Kribi Power Development Company, garantizando una parte de la producción nacional de electricidad. Las autoridades trabajan asimismo en desarrollar nuevos mercados industriales y reforzar las infraestructuras de tratamiento terrestre para valorizar más el gas asociado.
Esta orientación presenta varias ventajas: mejora de la seguridad energética, reducción de la antorcha, apoyo a la industrialización y disminución de las importaciones de energía.
Sin embargo, plantea también un arbitraje económico mayor.
La exportación de gas natural licuado genera generalmente ingresos importantes en divisas gracias a los mercados internacionales, pero expone al país a las fluctuaciones de los precios mundiales.
Inversamente, una utilización doméstica del gas favorece el desarrollo industrial y la creación de valor en el territorio nacional, aunque sus repercusiones presupuestarias son a menudo más progresivas.
La elección entre estos dos enfoques constituirá uno de los principales retos de la política energética camerunesa en el curso de los próximos años.
Entre optimismo oficial y realidad económica
Ante las inquietudes suscitadas por el fin de las operaciones del Hilli Episeyo, las autoridades camerunesas quieren ser tranquilizadoras. Estiman que la retirada de esta unidad flotante no provocará un colapso de los ingresos públicos y subrayan que el gas en cuestión podrá ser redirigido hacia otros usos, notamment la producción de electricidad y la industria.
Este análisis comporta sin embargo ciertos límites.
Si la valorización doméstica constituye una palanca importante para la transformación económica del país, no produce inmediatamente los mismos ingresos que las exportaciones de GNL, cuya valor añadido permanece elevada en los mercados internacionales.
El verdadero reto será pues el de conseguir simultáneamente el desarrollo de los nuevos proyectos de exportación al tiempo que se refuerza el consumo nacional de gas.
Una transición decisiva para el futuro energético de Camerún
El sector gasífero camerunés no se enfrenta a una crisis estructural, sino que atraviesa un período clave marcado por la sustitución progresiva de un activo llegado a madurez por una nueva generación de proyectos aún en desarrollo.
Los acuerdos internacionales, los concursos y los anuncios de inversiones testimonian una voluntad de preparar el futuro. No obstante, la credibilidad de esta estrategia dependerá menos de las intenciones exhibidas que de la realización efectiva de los proyectos, de los volúmenes producidos, de los contratos de exportación concluidos y de los ingresos efectivamente generados.
En esta perspectiva, la próxima década será determinante. Será ella la que dirá si Camerún logra transformar su importante potencial gasífero en un verdadero motor de crecimiento económico, de seguridad energética y de desarrollo industrial duradero.

