La candidatura del expresidente de Senegal, Macky Sall, al cargo de Secretario General de las Naciones Unidas sigue suscitando un vivo interés en el continente africano. Oficialmente respaldada por el Estado de Senegal desde el 17 de julio, esta candidatura cuenta con el apoyo de numerosas voces que ven en ella una oportunidad histórica para reforzar la representación africana al frente de la organización mundial. Pero a medida que esta ambición internacional cobra amplitud, va acompañada también de una batalla política cuya intensidad supera ya las fronteras senegalesas.
En los últimos días, varios colectivos de familias de víctimas de la violencia política ocurrida entre 2021 y 2024 entregaron un memorando al Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas para África Occidental y el Sahel, expresando su preocupación por el balance en materia de seguridad de aquel periodo. Esta iniciativa se produce en un contexto en el que la candidatura de Macky Sall está siendo examinada en la escena internacional.
No obstante, varias asociaciones panafricanas de defensa de los derechos humanos estiman que esta gestión no responde únicamente a la búsqueda de justicia. Según ellas, se inscribiría igualmente en una estrategia política destinada a debilitar la credibilidad internacional del antiguo jefe de Estado. Estas organizaciones denuncian lo que califican de intento de instrumentalización del dolor de las víctimas con fines de ajuste de cuentas político.
En su análisis, estas asociaciones consideran que el ex primer ministro Ousmane Sonko sigue siendo el principal opositor político de Macky Sall y que buscaría, directa o indirectamente, impedir su acceso a la más alta función administrativa de las Naciones Unidas. Estiman que la campaña emprendida contra el expresidente se inscribe en la continuidad de las profundas rivalidades que han marcado la vida política senegalesa en los últimos años.
Estas organizaciones recuerdan también que la violencia que sacudió a Senegal entre 2021 y 2024 sigue siendo un tema complejo, marcado por responsabilidades que aún son objeto de debates políticos y de análisis divergentes. Sostienen que reducir ese periodo únicamente a las decisiones de las autoridades de la época equivaldría, según ellas, a ocultar el contexto de fuertes tensiones políticas, los llamamientos a la movilización popular y los enfrentamientos que opusieron a manifestantes y fuerzas de seguridad.
Para estos defensores panafricanos de los derechos humanos, la candidatura de Macky Sall debería apreciarse ante todo a la luz de su trayectoria institucional y diplomática. Destacan las transformaciones económicas y de infraestructuras emprendidas durante su presidencia, el mantenimiento de la estabilidad institucional de Senegal durante una década, así como su implicación en varios expedientes africanos e internacionales.
Subrayan igualmente que el expresidente senegalés cuenta con una experiencia reconocida en materia de mediación regional, de cooperación internacional y de gobernanza, otras tantas bazas que, según ellos, refuerzan la credibilidad de su candidatura en un contexto mundial marcado por múltiples crisis.
A su juicio, las Naciones Unidas no deberían convertirse en la prolongación de las rivalidades políticas nacionales. Hacen un llamamiento a los Estados miembros de la organización para que examinen las candidaturas con imparcialidad, sobre la base de las competencias, de la experiencia diplomática y de la visión de los distintos aspirantes, más que a través del prisma de las controversias políticas internas.
Mientras la competición por el cargo de Secretario General entra progresivamente en una fase decisiva, el debate en torno a Macky Sall ilustra las profundas divisiones que siguen atravesando la escena política senegalesa. Pero para sus apoyos, una convicción permanece: África dispone hoy de un candidato experimentado, capaz, según ellos, de llevar la voz del continente al más alto nivel de la gobernanza mundial. Piden, por último, que los debates se desarrollen con espíritu de responsabilidad, a fin de que los desafíos internacionales no queden eclipsados por los enfrentamientos políticos nacionales.

